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Too Tough To Die • Trigésimo Aniversario

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Generalmente, la idea de Ramones me lleva inmediatamente a la segunda mitad de los años setenta, aquella época cuando aparece por primera vez en la escena neoyorquina el pionero cuarteto del punk americano. Sin embargo, produjeron una de sus mejores obras en 1984, su octavo álbum Too Tough To Die, el cual permanentemente le disputa la corona a los mismísimos Ramones (1976) y Rocket To Russia (1977), así que de entrada, nos referimos a una obra de amplia relevancia para la historia del rock.

Vale la pena recordar que para ése momento, la banda ya sumaba poco menos de una década de experiencia y había consagrado su infalible fórmula de composición en grupo, que en vez de agotarse, logró alimentarse de nuevo por el espíritu de la época. Y esta vez, por experiencia me refiero a las guitarras, que nunca se caracterizaron por la dinámica y que aquí, en una dosis muy delicada, interrumpen de vez en cuando el mecánico estilo de don Johnny, para añadir unos elegantes leads y otros adornos reglamentarios de una producción profesional. Por nombrar algunos ejemplos, la rockera, medio surf y magnífica No Go con su clásico punteo, o el arpegio constante de I´m Not Afraid Of Life. Por otro lado, el disco lo produjo el primer baterista de la banda (y recién fallecido) Tommy Ramone (Erdélyi Tamás) (R.I.P.), cuyo toque influyó positivamente en el resultado, en parte por habilidad y en parte por la cercanía y la confianza que tenía con sus ex-compañeros de banda.

Este fue el segundo álbum que tuve de Ramones (después del Adiós Amigos (1995) y porque era el disponible cuando fui a comprar...) así que por mucho tiempo fue uno de mis pocos discos ochenteros. Ahora que ando reconciliado con ésa década y que reconozco que fue la época dorada del underground, me encantó re-descubrir este álbum años después porque pude entender cómo se destaca dentro de la propia discografía de la banda, gracias a las dos tendencias o géneros dominantes de los ochenta (al menos los derivados del punk) que alimentan el espíritu de este álbum y lo hacen mágico: el hardcore y el new wave.

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La influencia hardcore (o escuela, más bien) se nota de manera general en el sonido fuerte y agresivo del álbum, pero el elemento primordial fue el legendario bajista y maestro punk Dee Dee Ramone, a quien le abrieron bastante espacio en los micrófonos y se dio gusto yendo hacia el hardcore, el original, aquel cantado con voz pobre, pero con infinita actitud. Esto se escucha desde el demoledor "one, two, three, four..." inicial de Mama´s Boy y de principio a fin en Wart Hog y Endless Vacation (demo). Una maravilla.

Por el lado del new wave aparecen los teclados, que si bien me sonaron extraños la primera vez, hoy hacen parte de lo mejor del catálogo de Ramones, fundando las brillantes melodías de Chasing the Night y Howling At the Moon (Sha-La-La), donde Joey te da tanta satisfacción en las voces como Freddie Mercury en su mejor momento. En ambos casos llama la atención el bajo tempo y la duración de los temas, que exceden considerablemente el rápido promedio de la banda. Pero entre ambas, gana Howling, ya que fue producida por (nada más ni nada menos que el inglés) Dave Stewart de Eurytmics, lo que se nota una y otra vez cuando las escuchas de nuevo y más la admiras.

Pero ésos son solo elementos en la "grabada en piedra" receta de los Ramones, porque el núcleo de estos 13 temas es su básico y adorado punk rock con letras variadas sobre socio política, que hablan de la eterna paranoia de la banda con la guerra fría, las drogas y el amor. Este álbum es el absoluto bloque sólido que funciona como una sola pieza, pero si lo vas a dividir, no dejes de revisar Too Tough To Die, Danger Zone, Daytime Dilemma (Dangers Of Love) y la inolvidable instrumental Durango 95. Una demencia este álbum.

Feliz aniversario !!!

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