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El Dorado - Vigésimo Aniversario

El Dorado

Por: Santiago Rivas.

El Dorado, 20 años

Cuando apareció Con El Corazón En La Mano yo era muy chiquito para entender lo que Aterciopelados quería decir para nuestra aburrida Bogotá, pero para su segundo álbum ya ansiaba conocer esa ciudad que mi edad me impedía ver más que de día. Era 1995 y tenía que elegir muy bien los discos que compraba, así que bajo mi regla de curaduría de adquirir discos que nadie más compraría (pues lo usual podía grabarlo o intercambiarlo), como muchos otros discos, El Dorado  lo tuve prestado. Entre ésas reglas estrictas (o al menos eso creía yo a mis trece), estaba también la de omitir música suave y tropical. No me gustaban las baladas de la gente normal, ni los boleros de mis padres, de quienes solamente respetaba, en términos musicales, su gusto por Les Luthiers. Pero había música que uno amaba porque era parte de su historia. De esa ni siquiera se dudaba, ni se evaluaba con la misma lupa que tus predilecciones. En ese rubro estaban Los Tres, Café Tacvba, Fobia y por supuesto, Aterciopeladosla banda rock más importante de Colombia (aseveración dicha con propiedad tantos años después).

El Dorado es un álbum mestizo de principio a fin, igualmente duro, contundente y rockero. Todo lo que se pueda querer. Pero tiene su hit pop, su canción cumbiosa, su percusión tropical y su himno a Colombia. Es una belleza de principio a fin, cada canción resulta nueva cada vez que se la oye, cada una distinta a la anterior y a la siguiente. Uno solo puede agradecer este tipo de trabajos. Siempre supe cantarlo, desde la tercera vez que lo oí completo hasta hoy que lo reseño para ustedes, sin que me falte una letra. Suena en La Recontra, me acompaña cuando trabajo y cuando estoy en la casa. Lo tengo hasta asegurado, en una de esas agencias… mentira, ahora las canciones.

Empezando está el hitazo Florecita Rockera, segundo single del disco que todavía suscita las mismas reacciones positivas cuando suena en una fiesta. Sueños del 95, que lleva el nombre de un famoso calendario en el que se les tomaba fotos semidesnudas a las mujeres más bonitas de nuestra farándula, es una canción suave, como feliz, como melancólica, como de amor, cortada en el momento menos.........          Candela es otro single que junto con muchas canciones de 1280 Almas tiene ese golpe de percusión africano que podría sonar por siempre como el paisaje sonoro del rock bogotano en los 90. Sigue siendo un éxito bailable y su coro es infalible “deja ya la pereza/mirá que me tienes tensa/mi piel es pura tibieza/eché pues ya pa’ la pieza”. Luego viene su primer éxito universal: la inmortal Bolero Falaz (con video de alta rotación en MTV) una preciosura inter-generacional que por supuesto me gustaba a mí, y que me gusta desde entonces.

No Futuro es mi favorita. Lo tiene todo: guitarra acústica y eléctrica; tiene su parte armónica y su parte melódica y luego es solo golpe y su solo de guitarra. La sección del coro todavía me saca un air guitar (acabo de hacerlo, nunca falla). Es un tema de amor pesimista y desesperado. El poeta maldito de trece años que aún vive en mi aún reacciona y se entristece cuando reconoce la verdad sobre la vida tras No Futuro. Esta se lleva su propio párrafo.

La que da nombre al álbum, que intuyo fue compuesta una vez decidido el nombre del disco, es tremenda. Melancólica una vez más, y la letra es bellísima con todo y que se trata de una alusión muy simple a El Dorado, ese mito que ahogó a más de un español en el fondo de Guatavita. No hay nada más noventero que la séptima De Tripas Corazón, que tiene una letra como psicópata y fantasiosa, otra canción de amor violento como el que todos idealizábamos en aquella década. Hermosa, cómo no?

Los Aterciopelados 1995

Si fuera posible elegir un nuevo himno para esta república sin duda sería Colombia Conexión. Claro, la ultraderecha odiaría el himno porque ya fue la canción de Contravía con Hollman Morris (cuando era 100% chévere y no hacía política), pero la canción es innegable. Además hace referencia al viejo himno, de manera que es la mejor elección posible. Por su parte, Las Cosas de la Vida es uno de esos temas de corte cotidiano que abundan en el rock latinoamericano, compuesto para todos los incomprendidos de este planeta.

Recordemos que los noventa son culpa de la Thatcher y Reagan en general, del exterminio de la UP y los candidatos asesinados de la campaña para la presidencia 90-94, y que ése es el mundo que absorbieron los Aterciopelados para nuestro deleite. En ésa década donde el miedo fue rey y empezamos a oír hablar sobre los “grupos de limpieza social” y las “fuerzas oscuras”, nació la hardcorera Pilas, una de las más recordadas por su fuerza, su tono punk, y porque describe la Bogotá que era —es, seguramente— peligrosa para todos. Le sigue La Estaca, brillante cover que le hacen a las Hermanitas Calle, en el cual reafirmaron sus intenciones de hurgar en lo más violento de nuestro ser colombiano, pero con su usual vocación comercial que le permitía, como si nada, sonar en la radio popular de nuestro país (todavía lo hace).

El Diablo es una hermosa canción de amor entre una adolescente y una pésima influencia, que tal vez sea —no tengo cómo probarlo— el mismísimo patas. Otro amor trágico, como hace unos párrafos, por el que todos suspirábamos, queriendo ser el diablo o el endiablado. Si No Se Pudo, Pues No Se Pudo es despecho atravesado por frases de cajón. Una de mis favoritas porque los amores también hay que acabarlos con gracia y buen gusto (si canta Andrea Echeverry, tanto mejor). Siervo Sin Tierra empujó a una porción grande de mis coetáneos al libro del mismo título, escrito 41 años antes por Eduardo Caballero Calderón. Protesta con todas las reglas: guitarra acústica, voz dominante, percusión menor artesanal. Muy bonita porque es una canción que replica la intención del álbum de traspasar las barreras de los géneros musicales. La canté a grito herido toda mi adolescencia (todavía lo hago). Errantes es una canción de compás africano, hablando sobre las ánimas en pena. Tiene algo muy de su época, conectado con los otros grupos de Bogotá, Colombia y Latinoamérica, por los intervalos entre la percusión, las guitarras y las partes más de bailar, porque es una canción eminentemente bailable. El cierre es una re-versión de la "elegantísima" Mujer Gala, más limpia y con otra producción, pero nunca rebajada, ni reducida.

Habiéndolos fumigado con lora, valga la pena invitarlos a que se lo oigan completo una vez más. Reconocerán una máquina del tiempo pero sobre todo un documento imprescindible de nuestra historia. No importa si nos gusta Aterciopelados o no, si fuimos fans, o si fuimos escépticos. Como primer gran golpe de esta intocable banda, El Dorado ya está por encima del bien y del mal. Ahí les dejo ese trompo bailando.

Feliz aniversario!

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