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Sobre THE HATEFUL EIGHT (Los 8 Más Odiados)

Calificación7.5
Con The Hateful Eight (particularmente sólida como guión) nuestro estimado Quentin Tarantino permanece en el camino de la impecabilidad como director, pero su usual reiteración de elementos le ha costado capacidad para sorprender a sus espectadores, aquella característica que inicialmente lo hizo el refrescante director de culto que cautivó a la crítica y a las masas.
7.5
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Hateful-Eight

En The Hateful Eight Tarantino me recordó dos cosas muy chéveres. En primer lugar, su inteligente debut Reservoir Dogs pues tiene una estructura similar: un escenario donde acontece casi la totalidad de la historia, narrativa no lineal, y diálogo permanente a cargo de varios personajes principales. Por otra parte, los Whodunit, aquella variedad de las películas de detectives que dejan un espacio para que la audiencia participe del proceso deductivo que realiza su protagonista para resolver un crimen. Estos dos aspectos me dejaron muy satisfecho porque recuerdan que no se necesitan presupuestos exorbitantes para hacer una película fina. Todo esto tiene que ver con la habilidad de Tarantino como escritor.

Si bien su dirección es pulida y sin peros, no es destacada, en parte por las limitaciones de la propia historia cargada en diálogos, pero también por la evidente pérdida del factor sorpresa a través de la filmografía de Tarantino. Es claro que en la medida que su estilo se volvió una institución, sus clásicos trucos siguen siendo geniales pero ya no resultan tan audaces. Si pudiéramos evaluar esta última obra sin la poderosa incidencia de sus antecesoras, estaríamos de acuerdo en que se trata de una película tan brillante como Reservoir Dogs, pero como no es el caso, si queda un sentimiento de insatisfacción. Aunque en su momento creí que era por otra razón, esto lo percibí levemente en Django Unchained, pero esta vez es mucho más claro. Ahora, esta insatisfacción no está relacionada con la calidad de la película, sino con su capacidad de emocionarte, y como el estándar de este director fue altísimo, aquella sensación es inevitable.

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Como ideas sueltas menciono que esta vez me gustaron más los actores nuevos que los que repiten, de éstos últimos la interpretación que menos me gustó fue la de Tim Roth como Oswaldo Mobray / Pete Hicox pues se me pareció mucho a las interpretaciones de Christoph Waltz; por otro lado no entiendo muy bien la decisión cinematográfica de filmar en un gran formato (70mm) una película que en su gran mayoría se desarrolla en interiores (espero poder verla en Imax u otra mega-proyección para ver si puedo apreciar mejor este recurso); también, la división de la película en capítulos me resultó innecesaria; y finalmente, que la música original de Morricone es un puntazo a favor.

Así las cosas, con The Hateful Eight nuestro estimado Quentin Tarantino permanece en el camino de la impecabilidad como director, pero su usual reiteración de elementos le ha costado capacidad para sorprender a sus espectadores, aquella característica que inicialmente lo hizo el refrescante director de culto que cautivó a la crítica y a las masas.

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