Sign in / Join

Master Of Puppets - Trigésimo Aniversario

Master-of-Puppets

Por: Diego Chalela

A mí que viví la adolescencia presenciando el ascenso de Metallica a la cima de la fama y de las listas más comerciales en los noventa, y dejando aparte la discusión de si entregaron o no algo de su rabiosa esencia para convertirse en el producto mainstream del metal que luego fueron por años, Master Of Puppets me transporta a un periodo en el que oír música metálica, estridente y visceral, dejó de ser una suerte de tabú social. Metallica sonaba en todas partes, hasta en las salas de cálidos hogares bien-pensantes, y sonaba bien. Sus seguidores se multiplicaban como una peste que no necesitaba de un hábitat particular para reproducirse. Y así, de repente, sentía que habíamos metaleros regados por toda la ciudad, dueños de un morboso gusto por oír y comprar discos como éste, sintiendo que éramos más grandes, que traspasábamos una barrera invisible que definía gustos y estéticas tradicionales.

A partir de Metallica, como quien prueba una droga blanda que le quita los miedos y sirve de puerta a otros vicios, era posible llegar a otros sonidos, otras bandas y otras tendencias que para la época parecían reservadas a espacios marginales. Y entonces, una vez acostumbrado a los riffs y la voz irritada Hetfield, a los bombazos de Ulrich y los solos desquiciados de Hammet, ya la suerte estaba jugada. El viaje sería incontrolable y aún hasta hoy, incierto.

Apelando a una fórmula ya probada en el Ride The Lightning (1984), el tercer trabajo de Metallica arranca con una introducción acústica en la que irrumpen de repente las guitarras eléctricas, el bajo y la batería hasta que, con todo el arsenal apuntando, se libera la descarga thrashera que estalla en los oídos del oyente de turno, llevándoselo por delante. Se trata de Battery. Luego, así como también sucede en el Ride, viene la canción que le da el nombre al álbum, que es para mí su mejor canción. Pero más allá de subjetividades, es un hecho que desde que arranca su inolvidable riff, el rockero ha sido atrapado para siempre.

Metallica 80s

Con letras que hablan de la guerra y sus crueldades, de la manipulación mediática y social, de las adicciones o de la alienación, el viaje continúa con buena dinámica musical. La legendaria Welcome Home (Sanitarium), cuya atmósfera recuerda a Fade To Black del 84 y a la mítica One que saldría en el 88, da un respiro de la intensidad. También se aligera la complejidad estructural con The Thing That Should Not Be (inspirada en un cuento de HP Lovecraft) y Leper Messiah, mientras que el resto de la faceta thrash más pura se expone en Disposable HeroesDamage Inc. Por su parte, sus casi nueve minutos instrumentales y destacado rol de bajo hacen de Orion una etapa refrescante, además de un reconocido homenaje a Cliff Burton quien falleció en un accidente durante la gira europea del álbum, (y que a muchos nos sorprendió gratamente escuchar en el último concierto de la banda en Colombia en marzo de 2014).

Claro que no hicieron todo por su cuenta. En la producción los acompañó el danés Flemming Rasmussen, con quien trabajaron desde el Ride y hasta el ...And Justice For All y explica la efectiva homogeneidad sonora de ésa etapa de la banda. Ahora, el Master salió bajo contrato con Elektra Records, siendo su primera experiencia con una disquera grande, y un ejemplo perfecto de los grandes aciertos de la antigua industria de la música pues la respuesta comercial y crítica a disco fue fantástica.

Aquella propuesta sólida y poderosa de sus trabajos previos no era ninguna casualidad, era 1986 y en ocho canciones y poco menos de 55 minutos Metallica logra una obra definitiva del género, dejando clara su postura frente a la realidad de la época y frente al mercado mismo. Una pieza imprescindible en la discografía de una banda imprescindible, viva muestra de su transición hacia el olimpo metalero.

Sea o no el mejor disco de MetallicaMaster of Puppets cumple hoy treinta años. Pieza emblemática del thrash metal ochentero, de sonido dinámico, provocador, consecuente con lo que hasta entonces habían mostrado en sus dos primeras entregas, pero sobre todo digno poseedor de una fuerza inherente a un cuarteto de jóvenes que no pasaban de los 24 años. Hoy, después de tres décadas, conserva vigencia, mantiene su esencia rebelde, y al escucharlo una y otra vez para escribir esto, siento que envejece sin dejar de ser joven.

¡Feliz aniversario!

Leave a reply