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Crash • Vigésimo Aniversario

Crash

Por: Diego Chalela

Si bien el sonido alternativo de los años noventa tendió a homogeneizarse en muchos aspectos, una de sus cualidades es que siempre hubo espacio para que se consolidaran propuestas novedosas, y un buen ejemplo de esto fue el sonido ecléctico de la Dave Matthews Band, orquesta multiracial que por un buen rato hizo maravillas entre los estándares del pop rock. El 30 de abril de 1996 salía al mercado Crash, su segundo trabajo en estudio y el de mayor éxito en ventas, que seguía en línea con lo que habían sembrado en el maravilloso y emotivo debut Under the Table and Dreaming de 1994.

El quinteto de Charlottesville, Virginia, una infalible máquina de vender discos en Estados Unidos (más de 31 millones de unidades), liderada por el vocalista de origen sudafricano que da nombre a la banda, llegaba esta vez con 12 canciones y 69 minutos de buena onda, empacada en una efectiva mezcla de rock con jazz, folk y funk, bajo la marcada influencia del bluegrass americano que se asoma con el violín y la guitarra acústica -elementos característicos-, todo en clave de pop, producido por el gran Steve Lillywhite (U2, Rolling Stones, Peter Gabriel, Talking Heads, entre otros). Un sonido rico en el que sobresale el virtuosismo en la batería, su acertada combinación con los sonidos del saxofón y el refinado acompañamiento del bajo, cuya “elasticidad” destacó la Rolling Stone en su reseña del álbum publicada en el 98.

DMB

Crash es un viaje desenfadado, colorido, romántico y sobre todo divertido, poseedor de un sentimentalismo que me remite a una suerte de estereotipo del estadounidense liberal, progresista, pluralista y cosmopolita que brota de las universidades tradicionales para sonreírle al mundo, representado en la voz rabiosa, sinuosa pero también cercana y amigable de Dave Matthews. Su sonido híbrido pero compacto, recoge y reconcilia mucho de esa mezcla cultural entre Europa y África que configura una parte representativa de la sociedad estadounidense. Es un espacio común, neutro, en el que conviven armoniosamente las dos partes, complementado con letras que oscilan entre el optimismo y la nostalgia, la risa y el cinismo, el enamoramiento y la banalidad, entonadas con una intensidad contagiosa que marca una esencia rebelde pero a la vez dulce e inofensiva.

Más allá de los conceptos, las conjeturas o las ideas abstractas, es un disco para relajarse y disfrutar; para acompañar unas risas con los amigos, para celebrar el momento de estar presentes (“celebrate we will, cause life is short but sweet for certain”), para brindar, para fumar empotrado en un cómodo sofá, conjurar ilusiones y otras estupideces placenteras. Para sentir, o al menos creerse el cuento, que todo está muy bien y que incluso puede estar mejor. Una versión sofisticada y noventera, no apta para escépticos e inconformes radicales, de un american way of life menos asfixiante y más incluyente. Un disco lleno de virtuosismo, musicalmente impecable, que no busca meterse en problemas con nadie y que hoy cumple 20 años de existencia.

¡Feliz aniversario!

Mis favoritas: #41Two StepLie In Our GravesProudest Monkey.

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