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The Queen Is Dead • Trigésimo Aniversario

The Queen Is Dead

Por: Santiago Rivas

The Queen Is Dead 30 años (y casi un mes) después.

La gente tiene al post punk como una serie de subgéneros pacificados, que comparten ese espíritu adolescente que el new wave inmortalizó. Algunos existencialistas, algunos bailables, algunos simplemente depresivos, los géneros del post punk llegaron como un bálsamo para apaciguar la fuerza destructiva del punk.

Cuando yo conocí a The Smiths eran un grupo triste. No mucho más que eso y, sin embargo, uno de los mejores grupos que había oído. Luego eran un grupo gay, que en inglés es un antónimo de “triste”. Con el tiempo, y mucho después de haber empezado a oírlos, descubrí que se trata de una banda rebelde. En Inglaterra en los ochentas, mientras Margaret Thatcher gobernaba, ser gay era estar triste. Y también furioso.

No era necesario gritar, hacerse la cresta, patear cosas ni romper guitarras. Bastaba con decir las cosas de frente y ser gay de frente y demostrar, con sensibilidad y hasta dulzura, que la gallardía, que a veces confundimos con hombría no se encuentra en nuestros estúpidos preconceptos sobre lo masculino. Suena absurdo, como si se tratara de algo que pasaba en los tiempos de Oscar Wilde, pero se trata de una situación de hace treinta años, cuando apareció en el mercado el tercer álbum de The Smiths, The Queen Is Dead, Considerado por la mayoría como el mejor álbum de esta banda, y elegido en 2006 por la revista NME como el segundo mejor álbum británico de todos los tiempos.

Esa Inglaterra sombría y conservadora fue la cuna de grandes hitos de la música (tanto punk, tanto post punk, tanto rock), y la sociedad Morrisey - Johnny Marr, que entre otras tuvo a bien inventarse lo que hoy conocemos como indie, es uno de esos hitos. Mucha de la música que oímos ahora, muchos de los grupos que viajan de festival en festival, mucho de lo que pasó en los noventa que tantos añoramos, no habría sido posible sin la influencia de The Smiths.

El álbum es una bonita unidad cerrada de diez canciones, en las que se pasa con facilidad de la indignación política a los comentarios más cáusticos al romance o al drama emocional de un adolescente (¿era así para todos en los ochenta?); Inicia con un fragmento de Take Me Back To Dear Old Blighty, que es el pie sobre el que construye la que para mí es la mejor canción de este disco, que le da nombre al mismo, aunque no haya sido uno de sus singles. The Queen Is Dead es una canción atrevida en lo verbal tanto como en lo musical. Compleja, larga, exigente, pero combativa, rabiosa. (Ojo al video oficial: The Queen Is Dead - A Film By Derek Jarman)

Luego viene un valle de canciones más suaves. Frankly, Mr. Shankly es una canción satírica y burlona sobre la fama. I Know It’s Over y Never Had No One Ever hacen juntas un puente dramático y triste. The Smiths es un grupo clave para acompañar la melancolía en todos sus matices y estas dos canciones, que comparten frases de guitarra lentas y cálidas, con fraseos vocales lánguidos y lamentos que extienden las vocales en las palabras, como solo Morrisey puede hacerlo.

The-Smiths 86

Cemetry Gates es una canción alegre en su ritmo, que tristemente reflexiona sobre la muerte. Tiene una cosa optimista en su música que contrasta con el pesimismo de Morrisey, que acostumbraba, cuentan, a caminar por un cementerio del sur de Manchester. Apareció después en el compilado de lo mejor de la banda, sin haber sido un sencillo propiamente.

El primer sencillo lanzado para este álbum fue la legendaria Bigmouth Strikes Again, en donde Morrisey, al parecer, le habla a la prensa y al asedio de sus críticos. Está llena, como todas las canciones de The Smiths, de referencias crípticas sobre su propia vida y de imágenes violentas (sweetness, I was only joking when I said I’d like to smash every tooth in your head…), y es una canción emblemática. Placebo hace un buen cover de esta canción.

The Boy With The Thorn in His Side (video) habla, según Morrisey, sobre la industria musical y su actitud frente a la música de The Smiths. Es una canción que parece hablar, en realidad, sobre algún dolor de la existencia adolescente, pero se trata de un bonito juego. Es una canción melódica y muy dulce, la más dulce de la banda probablemente.

Luego viene Vicar In A Tutu, una canción sobre los problemas que acarrea ser uno mismo en un mundo conservador. Muy distinta del resto del este álbum, tiene algo parecido al ritmo de Shakespeare’s Sister. Fraseos rápidos y un riff circular, como de música country. Hermosa canción de un gay católico contra la iglesia católica.

La siguiente es una de las mejores canciones de amor escritas alguna vez. La sola declaración “Y si un bus de dos pisos se estrella contra nosotros, morir a tu lado es una hermosa forma de morir…”, tiene que ser una de las frases más hermosas que alguien le haya dedicado a su amante. There Is A Light That Never Goes Out es una canción triste, enamorada y feliz, todo al mismo tiempo. Nuevamente, los amos del indie jugando con todas las formas de melancolía.

Por último, Some Girls Are Better Than Others, que es una canción simple, sobre un tema simple. Una letra frívola, sobre un tema que Morrisey jamás exploró: el cuerpo de las mujeres. Cuando un heterosexual oye la canción (y hay un cover de Supergrass que tal vez de algunas luces, por como lo hacen), es una experiencia muy distinta, porque no se sabe muy bien qué pensar al respecto. Bueno, no nos engañemos: ni la población LGBTI, ni los laboristas, ni sus mismos compañeros de banda, entendían a Morrisey cuando salió con esta letra. Es una canción perfecta para cerrar un disco tan oscuro y desgarrado en sus letras, con esa guitarra que se va perdiendo y que no suena ya más, pero se queda con uno.

Ojalá se animen a oírlo completo, a ver si están de acuerdo conmigo, o si pueden, al contrario, hacer este ejercicio por ustedes mismos y decidir que no tengo idea de nada. Disfruten de este excelente álbum.

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