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Dirty Deeds Done Dirt Cheap • Cuadragésimo Aniversario

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(Portada del disco para fuera de Australia, por Hipgnosis)

Tras más de cuarenta años en el oficio impulsando su contundente fórmula, que les ha valido ser una de las bandas de rock más reconocidas del mundo (de hecho a nivel de marca), si bien AC/DC  da una idea clara de lo que hacen (quien sabe por cuanto tiempo más), el concepto original está registrado en sus trabajos de los años setenta, época en la que contaban con el vocalista Ronald Belford 'Bon Scott', que además de cantar, "frenteaba" o lideraba la banda con infinito carisma y humildad, como muy pocos lo han logrado. (Ojo a este crack en entrevista)

Pues Bon era una especie de pequeño granuja, un obrero borracho y travieso que se gozaba la sencillez de la vida, lo cual sumado a la potencia de su banda (descrita mas o menos como "la aplanadora de los hermanos Young"), hacían de AC/DC una banda de veras ruda, inclusive más punk que mucho punk, sin moda o pretensión tras su propuesta. Se trataba de una genuina banda rock, y el Dirty Deeds Done Dirt Cheap es la primera gran prueba de ello, y por eso uno de sus discos más sólidos.

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(El arte de la versión australiana revela mucho, sobre todo la ilustración de Bon a la derecha: la manga sisa, la greña, el tatuaje...)

Todo empieza con el tema que da nombre al disco, el pulso marchante de la batería (casi tribal) y encima un riff de poder como solo los hermanos Young saben hacerlo, mientras Bon ofrece un número teléfonico para que lo contrates como matón barato para que se encargue de algunos trabajos sucios que muchos desean pero que nadie se atreve a hacer. En Love At First Feel hablan de las putas; En Big Balls se divierten de lo lindo escandalizando mojigatos de la época; en Rocker se van de rock n roll delicioso en su propio estilo; y en Problem Child vuelven a enfatizar en el concepto y en su beat característico.

Lo mejor es la tripleta del cierre: diecinueve minutos de poder en Ain't No Fun (Waiting Round To Be A Millionaire) y su maldito e irresistible arpegio principal (acaso la mejor del disco?); Ride On, un blues con el que parecieran intentar enfrentársele a Led Zeppelin; y finalmente Squealer, que está liderada por una línea de bajo tan funky, que te hace pensar en cuantas cosas maravillosas influenciaron estos cafres. Por supuesto los punteos te trasladan inmediatamente al olimpo rock.

En fin. Un par de escuchadas bastan para caer bajo el cochino encanto del AC/DC de antaño.

Feliz aniversario!

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