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Radiohead • A Moon Shaped Pool

Calificación9
Álbum único e irrepetible, otra colección de poesía sonora para reflexionar con el corazón sobre la crisis del individuo y a su vez sobre el fracaso social y político de nuestra humanidad agobiada y doliente, pero sin encontrar culpables. Como en cualquier otro trip, se trata de abrazar las emociones que implica estar vivo y disfrutarlas aunque nos saquen algunas lágrimas.
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Un primo me dijo hace meses que A Moon Shaped Pool le recuerda diferentes etapas de Radiohead. Estoy de acuerdo, y esa sensación viene en muy buen sentido, es decir, no siento que se estén repitiendo sino que son maestros de lo que inventaron. Ahora, las similitudes van hasta 1997: OK Computer (casi nada...). Esto me recuerda a su vez de su respetable trayectoria y de su naturaleza experimental. Aunque se parecen a ellos mismos todo el tiempo, siempre están afuera del evidente molde de música pre-empacada que inunda el mercado para el consumo de las masas. Salud!

Este capítulo es otro de esos limbos atmosféricos en donde uno se imbuye y es difícil hacer consciencia de lo que está pasando. Digamos que una vez quemada la bruja en Burn The Witch, cuya intensidad (en cuerdas) te mantiene los pies en la tierra y les sirve de excusa para sonar en radio, a partir de allí los temas nos regresan a la ingravidez absoluta, en la que aprendimos a flotar en la era Kid A/Amnesiac, con los que nos introdujeron al nuevo milenio. Así, con la nostalgia que traen los recuerdos, es decir, emocionalmente en descenso, despegamos con Daydreaming y su delicado e interesante riff de piano en 3/2 (tres notas de mano derecha por cada dos acordes en la izquierda). Por cierto, vaya detalle el video por Paul Thomas Anderson, un audiovisual lleno de contenido.

Lo dije todo el segundo semestre: no he podido tener suficiente de (la psicoanalítica) Decks Dark. Me fascina. Este es el único 'momento Ok Computer' que le siento al Moon Shaped Pool. Ahora, sin llegar a la segunda mitad, el tema no cobrará sentido. Por su lado, los platillos, el bajo y las guitarras acústicas en Desert Island Disk son un placer para el oído.

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El beat de Ful Stop acecha fuerte hasta que el tema se vuelve todo un thriller: "Truth will mess you up". Me recuerda a The National Anthem solo que más electrónico. Los cobres tienen un rol menos protagónico en esta oportunidad pero no menos importante. Facilitan una de tantas atmósferas que hay en el álbum. Con Glass Eyes también regresamos al 2000, a How To Desappear Completely con esa composición de música para cuerdas envidiable, para acompañar a la joya de la corona, la voz de Thom Yorke.

Un gran momento del álbum inicia con Identikit, una de las golosinas de este trabajo. No deja de ser melancólica, pero tiene un ritmo animado gracias al bajo, la columna vertebral del tema. El irresistible coro se extiende muchísimo mientras aparecen detalles musicales como hadas en otra dimensión. 'But now I see you messing me around - I don’t want to know...'. Sigue la mejor de todas: The Numbers. Todos los instrumentos en actividad y en curiosidades rítmicas y melódicas, revelan la gran orquesta del futuro que es Radiohead.

La hipnótica Present Tense (recientemente grabada en vivo también por Anderson) muestra la mágica combinación de guitarras que hacen Yorke y Johnny Greenwood. Puede resultar imperceptible hasta que los ves interpretando. Medio paso más atrás de las guitarras, un juego de voces y elementos sonoros entre electrónicos y acústicos, crea un espacio único que te desarma. Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief, una belleza que inicia con una especie de delicados 'power cords' en piano a lo All I Need, muestra a la orquesta del futuro despidiéndose con sus últimos trucos. El cierre es con una versión 'Moon-Shaped' de True Love Waits, una canción vieja de la banda que aparece de vez en cuando por aquí y por allá. Hermosa.

En fin, es un álbum único e irrepetible, otra colección de poesía sonora para reflexionar con el corazón sobre la crisis del individuo y a su vez sobre el fracaso social y político de nuestra humanidad agobiada y doliente, pero sin encontrar culpables. Como en cualquier otro trip, se trata de abrazar las emociones que implica estar vivo y disfrutarlas aunque nos saquen algunas lágrimas.

¡Larga vida a Radiohead!

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