InnerSpeaker · Décimo Aniversario

Por: Miguel de los Ríos

En el verano del 2010, cuando vivía en Madrid, un amigo australiano me presentó InnerSpeaker. Estábamos en un asado en una terraza, disfrutando el calor y el sol de julio de España, cuando él se apropió del parlante y dijo que nos iba a poner un grupo de música psicodélica nuevo. No todos le prestaron mucha atención y después de dos canciones los otros asistentes pidieron volver a algo más fiestero. Pero esas dos canciones despertaron mi curiosidad. A los pocos días le escribí a mi amigo y le pregunté por esta banda. "Tame Impala", me contestó; y añadió un poco de historia, de cómo era un multi-instrumentalista australiano que ya había sacado un single y un EP, de cómo él ya había hecho un cover de Remember Me, de Blue Boy, una canción que conocía de mis días de DJ, etcétera.

A los pocos días conseguí una copia y me aventuré a ponerlo de comienzo a fin. It’s Not Meant To Be, la primera canción, de entrada nos regala un arpegio semi distorsionado y una gran línea de bajo que nos dejan saber que la psicodelia de los 60 y 70 ha vuelto. Pero no fue ese primer tema el que me había cautivado una semana antes, sino el siguiente, Desire Be Desire Go, con su riff de guitarra que llega a recordarnos ese rock cálido de hace 50 años, como si fuese Eric Clapton o Ritchie Blackmore. Y ese virtuosismo se vuelve más importante cuando uno se entera que todos los instrumentos los toca Kevin Parker.

Un poco más adelante, llega Lucidity, el que para mi es el mejor tema. Suena como si el rock psicodélico y el pop británico de los 70 se hubieran mezclado y alguien los hubiera vuelto a grabar. Con un sonido distorsionado y giratorio, el disco empieza a recordarnos a The Kinks, a los Stone Roses, a Hendrix. Y si Lucidity nos recuerda al rock que le abriría las puertas al metal, Expectation nos lleva a un sonido más amigable y más cercano al movimiento hippie. Este es un tema cálido con sonido relajado, lleno de capas y texturas, que nunca llega a sentirse saturado. El cambio de tono y color en los últimos minutos de Expectation, esa pequeña coda instrumental, nos da otra muestra más del Talento de Parker.

Y volviendo a la referencia de Clapton y sus días en Cream, otro tema indispensable es The Bold Arrow Of Time. Esa guitarra introductoria y ese solo intermedio. ¡Espectáculo de rock!.

Este es un álbum que hay que escuchar de comienzo a fin, como en los viejos tiempos. Está magistralmente producido, lleno de sonidos perfectamente entrelazados, que me recuerdan a caleidoscopios y una época de la música en la que nunca viví, pero con la que crecí. Lo mejor de InnerSpeaker es que suena a algo más que un simple homenaje. Tiene un sonido fresco y moderno. Es una versión actualizada de aquel estilo y una gran opera prima para este gigante de la música en que se convirtió Tame Impala.

Feliz aniversario!

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