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Not In This Lifetime Tour • Guns N' Roses en vivo • Medellín, 23 de noviembre de 2016

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Localidad - Escenario. Mientras en el ingreso al concierto de los Rolling Stones en El Campín en marzo pasado (el único evento en Colombia que habrá costado más que el de Guns N' Roses), el usual caos de la capital y la negligente organización confabularon para darme ingreso cuando ya había empezado Jumpin' Jack Flash, entrar al Atanasio Girardot fue sencillo y agradable, tanto por el clima y la tranquilidad, pero sobre todo por una verdadera logística, una que evita colapsos en el tráfico, peleas, disgustos, etc. Si la razón para escoger este destino como parte del tour era evitar 2600 metros sobre el nivel del mar y así favorecer el bienestar (y la voz) del artista, lo celebro. Gracias Medellín.

Telonero. El telonero fue Marky Ramone's Blitzkrieg. Amo Ramones, los tipos dieron la talla y el amplio antecedente punk de GNR justificaba esta apertura. Sin embargo, no me extrañó del todo la indiferencia de muchos en ese momento, en mi caso, porque la expectativa del inminente y avasallador poder melódico de GNR me hizo sentir insignificantes los básicos y cortos temas de Ramones. De cualquier forma, se trató de un excelente inicio.

El comienzo. Un balazo repentino me hacía volver la mirada (desviada tras una que otra chica que paseaba por ahí) al escenario. En las pantallas alcanzaba a notar que el clásico logo se había animado momentáneamente. La cosa estaba próxima. Tras el divertido tema de los Looney Tunes entre los emocionados gritos de varios miles de asistentes, y un breve anuncio de un locutor empezó It´s So Easy. Wow. Celebré escuchar esas primeras notas de bajo tocadas por Duff McKagan, pero acompañado de su primera gran banda, aquella que ahora se tomaba el escenario bajo una respetable dosis de luces y volumen.

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Foto de El Tiempo.

Setlist. Entre lo inesperado que fue volver a verlos juntos (a los tres) minuto a minuto, la lista de temas fue esperada. Eso si, (en las dos horas y cuarenta minutos de presentación) hubo excelentes sorpresas. Primera: siete temas del Appetite For Destruction, siendo Nightrain, Mr. Brownstone y My Michelle las menos evidentes. (Out Ta Get Me, otra de mis preferidas, la tocaron una fecha antes en Brasilia). Ahora, presenciar Rocket Queen en vivo, una de las predilectas de miles de sinceros seguidores (incluyéndome), siempre será una sorpresa, desde el momento en que Duff se ubica frente a la banda y con el delicioso riff principal introduce junto a la batería, esa exquisitez. Segunda: Double Talkin' Jive y Coma. Nunca me imaginé que las tocarían pero me alegró infinitamente porque son momentos gloriosos del Use Your Illusion I. Tercera: Los covers. Aparte de Live and Let Die y la extendida por nueve minutos Knockin' on Heaven's Door, sus covers definitivos, llamó mucho la atención Wish You Were (Pink Floyd), y en mi caso, amé The Seeker (The Who) por rockera. Parece que atrás quedaron las épocas de "versionar" Wild Horses y Dead Flowers de los Stones.

Ahora, entre muchas cosas que perduran desde las gloriosas épocas del Use Your Illusion TourDuff continúa encargándose por unos minutos de la voz principal en el momento punk del show, en este caso conformado por el fragmento de You Can't Put Your Arms Around A Memory (Johnny Thunders), como introducción a la versión del clásico New Rose (The Damned), que es intercambiada fecha a fecha con Attitude (Misfits), todas incluidas en el The Spaghetti Incident?.

Estas que señalo y otras breves interpretaciones de temas ajenos siguen haciendo muy dinámicos y entretenidos los conciertos de GNR, además de atraer la atención sobre tantos clásicos del rock que les han influenciado. También quiero resaltar Civil War como el mejor momento sónico del espectáculo en mi opinión, y no dejar de mencionar las épicas Estranged y November Rain, las rompemadres Welcome To The Jungle y You Could Be Mine, o los mega hits Sweet Child O' Mine y Don't Cry como manifestaciones puras de lo que en la materia siempre denomino como LA LEY.

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Foto de El Espectador.

La banda. Melissa Reesse, Richard Fortus y Frank Ferrer integran con firmeza esta nueva GNR. La nostalgia de no ver a Matt Sorum o a Steven Adler en en la batería (pudiendo pasar) me opaca un poco el desempeño de Ferrer. No obstante, es tremendo baterista (de lo contrario no podría ocupar ese lugar). En el caso de la guitarra rítmica, ya todos hemos aprendido a extrañar a Izzy Stradlin, para siempre la baja más importante por haber sido uno de los principales compositores de todas esas geniales canciones que todavía alabamos. En ése cargo Fortus, otro claro representante de la escuela Keith Richards (junto a Izzy claro), me deja muy tranquilo. Melissa por su parte, es una gran adición al grupo, apoyando en teclados y voz el bloque sónico, pero también con su imagen que funciona perfecto en esta orquesta.

Y evadiendo cualquier polémica al respecto, claramente los chicos ya no lo son. Son señores de más de cincuenta años que al igual que todos sus colegas a esa edad han dejado atrás la juventud, y con ella los excesos y la inmadurez. Ahora más que nunca, GNR se trata de una empresa multimillonaria facturando 'a lo que marca', en donde las relaciones internas están mediadas por extensos contratos y en donde todos deben aportar en cada fecha y sin excusa alguna, aquellos atributos que los hicieron grandes, especialmente, la voz de Axl. Entonces qué gordo ni qué carajos. Rose es y morirá siendo un vocalista y músico prodigioso (nunca olvidaré las imágenes de sus manos repletas de anillos tocando el piano), así como lo es Slash hipnotizando a cuarenta mil personas con su destreza y melodía, y Duff, carismático ídolo que facilitó todo este reencuentro. Todo el mundo tranquilo, ya no saltarán de un lado a otro como cuando tenían 25 años pero están 'enteritos'. De verdad un gusto verlos, incluyendo a Dizzy Reed, el cuarto miembro original.

Otras cosas. Como estuve ubicado frente a la cabina de sonido puede constatar que se trató de uno excelente. El escenario era igual al clásico de la banda solo que con la generosa cantidad de iluminación led típica de esta época. Y fuegos artificiales por supuesto. Por otro lado, esto fue una excusa perfecta para retomar el Chinese Democracy que omití por años muerto de desilusión por la desintegración de una de mis bandas del alma. ¡Ya callen el diálogo interno! Está re-bueno ése disco. Punto.

Conclusión. ¿Qué tal el concierto? Con toda la subjetividad de un fanático de vieja guardia diré que grandioso. Si pudieron ir, menos mal fueron. Si no, hay anunciadas fechas hasta septiembre de 2017 por todo el mundo, estén pendientes. Hasta el próximo reporte, me despido con el cierre del concierto: Paradise City.

Como señalé hace unos días, poco me gusta grabar o que graben video durante un concierto. Pero en el caso de todos estos que se encuentran enlazados a este texto que ahora comparto, una felicitación a quienes hicieron este trabajo de edición. Gran recuerdo.

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