Ultrágeno • Vigésimo Aniversario

Desconozco cual fue el alcance de Ultrágeno fuera de lo local, pero en aquel 1998 bogotano en que Internet apenas empezaba a llegar a los hogares, en plena década alternativa, cuando el coletazo del nuevo metal se sintió con más fuerza, es decir en mi mundito de adolescencia, Ultrágeno fue lo más grande.

En su momento, Ultrágeno era lo que más se acercaba a mis gustos y a mi personalidad en desarrollo, un revuelto de fascinaciones noventeras importadas, a donde acudía a compartir las ganas de algún día ver a Nine Inch Nails, a Rage Against the Machine o a Tool, pero claro, en la Universidad Nacional, en la Media Torta, en el Teatro Patria (antes de A.N.I.M.A.L.), en el auditorio La Calleja, o en una cancha de fútbol en algún lugar de Cedritos tragando tierra en pogos muy respetables. Muchas otras bandas locales me habrían servido para desahogar ese ateísmo y espíritu mamerto que no podía contener a los 16 años, pero Ultrágeno fue amor a primera vista/escucha.

Siempre me llamará la atención cómo demonios salieron con esta propuesta de los riffs hardcoreros de Barragán con la pulsación rítmica de hit-hat sincopado emulando un beat electrónico, en algunos temas, casi de drum n' bass. Ah vaina rara pero buena. Nunca olvidaré analizar la interpretación de Osorio mientras resistía el peso de cien personas llegando a mi desde arriba, desde abajo, desde todas partes. Nunca olvidaré que los únicos tambores eran el bombo y ese redoblante piccolo, casi opacados por ese set de platillos Zildjian (especialmente el China Boy) vibrando hasta que parecieran desintegrarse en el aire.

Claro, el violín lo hacía todo aún más extraño.

Ultrágeno me hablaba, la banda, el álbum, el videoclip. Esa canción me habló mucho, por salirse del ritmo 4/4, porque Paredes empezaba con arpegio y luego continuaba con el slap del funk (metal). Y claro, como nunca he deseado agredir a nadie, también me hablaba la lírica. Como musicalmente era inetiquetable, todas las tribus urbanas tuvieron que encontrar su espacio allí, con la canción que les gustara. Necesariamente democrático. Como yo también estuve acostumbrado a buscar mi propio espacio (a falta de no ser matriculado nu-metal skater, punk, rudie, metalero 80's, skinhead, hardcorero, grungero, ni siquiera hincha de equipo de fútbol), Ultrágeno fue mi tribu. El 'palabrero' Piñeros, tenía una voz clarísima y una energía muy bien intencionada, además de querer decir algo, no inmenso, pero más que suficiente. Por eso les escuché tantas veces.

Después de tanto tiempo no puedo decir que mi relación con Ultrágeno se haya fortalecido o que sea un capítulo que frecuente en mi vida, pero nunca reacciono violentamente aunque sigo amando la música violenta (y siempre salto en los conciertos), así que debía sentarme a reconocer lo inteligente que fue esta banda como concepto, influencia directa de quienes mantenemos al Distrito Capital como una ciudad de mente abierta, con humo y con ruido como solo esta puta ciudad sabe tenerlo, pero con la mente abierta en un país consagrado como conservador. Entonces, esta es parte de mi historia con Ultrágeno y mi tributo de culto, viente años después de haberlo visto nacer.

Feliz aniversario!

Todo el disco me encanta, por supuesto. Ahora que lo escucho de nuevo me llama la atención La Piedra Que Salva y esa versión electrónica de Drulos al cierre.

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