Abbey Road • Quincuagésimo aniversario

Como todo en el universo Beatles, hay quienes pueden percibir sus super-poderes musicales de inmediato, mientras que otros continuamos descubriéndolos paso a paso. Tras varios años en este satisfactorio proceso, voy a compartirles algunos detalles de mi experiencia con el icónico Abbey Road, convencido de lo magnífico que es y tratando de agregar algo al (tal vez agotado) tema.

Durante un tiempo fue mi disco favorito de ellos pero nunca estuve realmente consciente de ello. Era como una apuesta influenciada por el hecho de que allí estuviera I Want You (She's So Heavy), tema que siempre me deja con la boca abierta, así como otros arpegios lentos y poderosos como los que allí se emplean y que son recurrentes en el disco, los cuales que se me antojan precursores del grunge (de Soundgarden, para ser específicos). Ahora, sin saber por cuanto tiempo, al día de hoy mi favorito es The Beatles (1968). Sin embargo, si Abbey Road lo fuera, ya tengo una idea un poco más aterrizada del por qué.

Curiosamente, una de las razones es opuesta a las características del (mencionado) Álbum Blanco: Si bien ambos están repletos de éxitos inmortales, entre ellos varios de George Harrison quien se estaba escribiendo los mejores temas de su vida en esos años (en este caso Something y Here Comes the Sun), la identidad del primero está en la marcada diferencia entre sus cortes, mientras que el lado B de Abbey Road se destaca universalmente por la forma en que están unidos sus temas. Un popurrí (medley) que vuela sesos. No reconocer esas canciones por sus nombres es el primer síntoma de haber emprendido el camino a concebir aquel magnífico ejercicio de composición y de producción que allí quedó registrado. Impecable.

Esas variaciones empiezan justo en You Never Give Your Money, mi tema predilecto del disco, que inicia como la típica canción que no te gusta de los Beatles pero que termina convertida en tu preferida. En este caso, rematan con aquella frase memorable que me recuerda cómo influenció algo tan grande como Pixies:

One, two, three, four, five, six, seven
All good children go to Heaven

No soy el primero que dice esto, por supuesto, pero es muy especial cuando lo descubres. Así como los solos instrumentales en The End, rock de primer nivel. Por cierto, los bajos de McCartney son espectaculares, volando en adornos al mejor estilo de John Entwistle (The Who). Pero en realidad todo lo que suena en Abbey Road es la mera maestría musical que estaban manejando los Beatles en ese punto de su carrera juntos, tristemente próxima a terminar.

Muchos morirán sin entender esto pero para quienes tengan guardado un espacio en su vida al cuarteto de Liverpool, este álbum es uno de sus top 3 sin duda alguna y eso es mucho decir. Claro, en este camino siempre será un obstáculo lo familiar y lo evidente que suenan a primera escucha o a escucha desprevenida, pero es posible que este trabajo nunca descienda del panteón de clásicos de la música popular.

Feliz aniversario!

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