A Saucerful Of Secrets • Quincuagésimo Aniversario

Sin haberse cumplido siquiera un año de haber probado las mieles del éxito con su grandioso The Piper At The Gates Of Dawn (1967), regresó Pink Floyd a continuar su campaña de conquista mundial con A Saucerful Of Secretsun segundo álbum con todas las fortalezas que les habían sido reconocidas pero esta vez enfocadas en menos canciones (duran lo mismo, pero mientras Piper tiene 11 cortes, A Saucerful tiene 7). Y tal era la fuerza creativa y la necesidad de evolucionar la fórmula que no hizo mella la prematura salida del fundador Syd Barret ni la llegada del guitarrista David Gilmour a la banda.

Let There Be More Light sugiere de entrada un tránsito hacia los años setenta. Mientras el riff inicial de bajo suena setentero, la ejecución de teclados y del punteo de guitarra suena al Pink Floyd de unos años adelante. Gran punto para Roger Waters quien con esta poderosa apertura se anotaba uno de cuatro créditos como compositor en el álbum, heredando así la posición de líder. A continuación, Rick Wright nos regresa un poco al (entonces) presente con su piano y con la melancólica letra de Remember A Day (tal vez mi favorita del disco), apoyado también por los constantes tambores pero limitados platillos de Nick Mason, muy en 'modo Piper'.

Sugiriendo algo de madurez sónica, aunque el tema no sea muy dinámico, Waters se da gusto hipnotizándonos con Set The Controls For The Heart Of The Sun, supongo que novedoso hace cincuenta años y una de las tempranas favoritas en vivo de la banda. Memorable momento en todo caso. Y de nuevo en 'modo Piper'Waters cierra el lado A con Corporal Clegg, una divertida demencia orquestal en la que narran detalles de la cultura inglesa. Y hasta aquí, todo fue el abre bocas a la instrumental A Saucerful Of Secrets, con la que consolidan el componente épico y experimental que integra todos sus discos, así como lo habían sido iniciado con Interstellar Overdrive.

En sus cuatro partes y doce minutos de duración, A Saucerful Of Secrets transita por vez primera un trip musical completo y todas sus etapas, desde el horror hasta lo hermoso, desde lo delicado hasta lo agresivo, sacando provecho del talento de los cuatro integrantes quienes juntos se llevan el crédito de composición y que unos años después inmortalizaron en el documental/concierto Live at Pompeii de 1972 en el que fuera sin duda uno de los mejores momentos de la banda.

El final empieza con la elevada y barroca See-Saw, donde, cargado de teclados una vez más, Wright demuestra versatilidad como compositor y anuncia también lo que pasaría en discos como Atom Heart Mother. El cierre es para Barret con Jugband Blues, una despedida por lo alto que recuerda el elemento psicodélico esencial tanto en el sonido como en las letras y por ende otro de los destacados del disco: "It's awfully considerate of you to think of me here - And I'm much obliged to you for making it clear - That I'm not here..."

Entonces, aun ante los sensibles cambios de alineación Pink Floyd da un segundo paso perfectamente firme, volviendo sobre lo que habían hecho, anunciando lo que vendría y consolidando su marca, su forma de hacer las cosas, una de las más influyentes en cuanto a música popular se refiere. Como todos sus buenos trabajos, todo un platillo lleno de secretos.

Feliz aniversario!

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