Daydream Nation • Trigésimo Aniversario

Sin duda otra de las obras más importantes de 1988 es el Daydream Nation de los Sonic Youth, álbum merecidamente precedido por su reputación, pues al revisar la discografía de esta respetada institución que mantuvo la bandera de lo independiente y de lo experimental por treinta años (algo de suma relevancia conceptual en el rock), es en este quinto intento en el que consolidan el estilo por el que son reconocidos, excelentes composiciones sin complejidades rítmicas y con hermosas voces que demuestran gran potencial masivo, pero que constantemente envuelven bajo las intensas guitarras, sus afinaciones disonantes y sus frecuentes salidas del esquema normal para convertirse en generadoras de ruido, de episodios pulsantes, estridentes y repetitivos (drone - no wave) que espantan sin piedad al oyente desprevenido por muchos minutos.

Con esas voces (Lee, Kim y Thurston), esa actitud artística, esa amistad interna y esa cohesión en vivo, Sonic Youth tenía un carisma irresistible desde sus primeros años. A partir de esa atracción inmediata que generaban, particularmente si los veías tocando, ya quedaba bajo tu responsabilidad qué tanto tiempo querías (quieres) dedicarle a entender su musicalidad, que en mi caso, tomó más de lo normal. Porque repito, el formato de banda guitarrera clásica los hace parecer puro entretenimiento, hasta que te ves envuelto en cortes de 7 minutos tras cortes de 7 minutos con los que van calando profundamente en tu ser para romper algo adentro, lo que termina generando algo de prevención. Ahora, cuando los dejas actuar y ese algo se rompe, no hay marcha atrás. (Cinco de sus catorce cortes tienen 7 o más minutos, siendo el segundo álbum más extenso después del A Thousand Leaves de 1998).

Volviendo a la consolidación del sonido, en comparación con los anteriores EVOL y Sister, si noto que aquí ya dejan la atmósfera ochentera atrás para proponer lo que vendría para ellos y toda la escena alternativa. Los acordes, arpegios y armónicos en las guitarras ya se sienten completamente propios, reconocibles con facilidad como su sello característico. Lo mismo pasa con esa órbita percutiva a la que llegan todo el tiempo y en la que se quedan pegados para experimentar. Es SU espacio y SU rito.

La seducción inicial de Teenage Riot, la punkera Silver Rocket, la reminiscente de The Velvet Underground (padres del noiseThe Sprawl, la hardcorera 'Cross the Breeze, la pegajosa Total Trash, la dramática Hey Joni, la capa melódica contra la ruidosa en Candle, la intensidad de Rain King, Eric's Trip, Hyperstation... Un discazo.

Además de todas las sorpresas que todavía me faltan por llevarme con Daydream Nation, vale la pena recordar la pertinente anotación que muchos seguidores de Sonic Youth han hecho a propósito de su rol en los tempranos años noventa, pues como indiscutidos precursores de la explosión alternativa noventera (así como Pixies y su Surfer Rosa), los tiburones de la entonces industria musical (Geffen Records), capturaron sabiamente esta iniciativa para explotarla comercialmente, escenario que dejó a la todavía joven banda queriendo gustar más de lo que pretendían, expuestos en el mainstream durante Goo (1990) y Dirty (1992), teniendo que hacer un alto y retomar con Washing Machine (1995), el camino underground de donde habían surgido, es decir continuando el planteamiento original de Daydream Nation y con el que, afortunadamente, continuaron por muchos años más.

Feliz aniversario!

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